Milpa, tierra y semilla: tres elementos que siguen marcando el ritmo de la vida en las comunidades rurales del sur de Quintana Roo. En un contexto donde la agricultura tradicional enfrenta amenazas como el avance de semillas comerciales y la variabilidad climática, hombres y mujeres campesinos han decidido convertirse en guardianes de una herencia ancestral: el maíz criollo, una semilla que representa identidad, historia y seguridad alimentaria.

Este movimiento social y agrícola forma parte del proyecto “Seguridad Alimentaria y Nutricional para Comunidades Rurales del Estado de Quintana Roo”, impulsado por agencias estatales como ASAQROO, IESSOL y SEBIEN, con acompañamiento técnico y científico del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT). Aunque el programa incluye talleres agronómicos, formación de líderes y apoyo para infraestructura, el corazón de esta iniciativa late en las parcelas donde se selecciona, resguarda y comparte la semilla nativa.

Durante décadas, las variedades de maíz criollo se vieron desplazadas por materiales comerciales que prometían mayores rendimientos. Sin embargo, para las familias de comunidades como Tres Garantías, Tierras Negras, Tepich y Sacalaca, la semilla autóctona no es un mero insumo productivo, sino un símbolo vivo de identidad y memoria colectiva. Su color, aroma y sabor conservan historias transmitidas de generación en generación, y son precisamente esas características las que motivan a los guardianes a rescatarla y devolverle su lugar en la milpa.

La labor de estos guardianes va más allá de un proceso agrícola técnico: es un ejercicio de paciencia, observación y continuidad cultural. El productor Baldemar Reyes Fuentes, uno de los más activos en Tres Garantías, lo resume con palabras sencillas pero poderosas: “Habíamos perdido nuestra semilla por la entrada de otros maíces, pero ahora la estamos recuperando para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos”. Para él, esta labor no es nostalgia, sino una apuesta por el futuro.

El papel del CIMMYT, por su parte, ha sido apoyar estos esfuerzos con ciencia y conocimiento técnico, fortalecer la selección de semillas, mejorar prácticas poscosecha y fomentar técnicas agronómicas resilientes que conviven con el saber tradicional. Este enfoque colaborativo permite que ciencia y tradición se integren en una misma parcela, potenciando tanto la productividad como el respeto por los saberes locales.

El impacto de esta alianza ya es palpable. Más allá de la recuperación de semillas nativas, las comunidades han fortalecido sus vínculos y su autonomía. “En la parcela, en mi milpa… me siento feliz”, coinciden varios agricultores, una frase que resume la satisfacción que surge al recuperar algo que se pensaba perdido: el vínculo con la tierra y la posibilidad de garantizar su alimento.

Además, el proyecto ha promovido la organización comunitaria a través de la creación de puntos de maquinaria compartida en varias localidades, lo que facilita las labores agrícolas con herramientas adaptadas a sus prácticas y reduce los costos de producción. Con esto, las familias pueden concentrar su energía en el cuidado de la milpa y en fortalecer sus sistemas productivos colectivos.

En un mundo donde la diversidad genética de los cultivos está en peligro, la labor de los guardianes del maíz criollo en Quintana Roo se convierte en un acto de resguardo de biodiversidad y soberanía alimentaria. No solo conservan una semilla única, sino una forma de vida que afirma la identidad de las comunidades y ofrece una esperanza para enfrentar un futuro incierto.

FUENTE: CIMMYT

Fuente original: https://agronoticias.com.mx/2025/12/16/guardianes-del-maiz-criollo-la-semilla-que-sostiene-la-vida-en-quintana-roo/