A pesar de que la reforma al artículo cuarto constitucional prohíbe la siembra de maíz genéticamente modificado y que se destinen maíces transgénicos para otros usos que no sea consumo pecuario, sin que haya una evaluación de riesgos, “hoy se están importando un millón de toneladas cada año de maíz blanco transgénico para consumo humano”, expresó el procurador agrario, Víctor Suárez Carrera.
Durante la 16.ª conferencia del ciclo Rescate, defensa y revalorización de los ejidos y comunidades agrarias, realizada en conmemoración del Día Nacional del Maíz, el ex miembro de la Campaña nacional sin maíz no hay país y de la Acción Colectiva –organismos de la sociedad civil que detuvieron la siembra de maíces transgénicos en México–, expuso que lo anterior sucede sin que haya trazabilidad y sin que nadie diga nada.
Ante organizaciones de la sociedad civil, productores y funcionarios federales, Suárez Carrera subrayó que existen desafíos porque, “decimos no al maíz genéticamente modificado en la palabra, pero los hechos estamos consumiendo tortillas con maíz genéticamente modificado, importado de Estados Unidos, un millón de toneladas cada año”.
Expuso que si es que queremos seguir en la lucha en defensa del maíz y de todo lo que éste significa hay hay temas pendientes que deben ser abordados, como el hecho de que el mercado mexicano de maíz blanco no genéticamente modificado para consumo humano esté desvinculado “absoluta y totalmente de la bolsa de Chicago” y que “se determine en función de costo de producción más utilidad razonable y ese es el precio justo que debe recibir un productor de maíz, pero en general todos los productores del campo”.
México, recordó, es el primer país productor de maíz blanco para el consumo humano, no genéticamente modificado, pero se preguntó por qué Chicago, que es una bolsa de especulación, está determinando un precio ficticio, por los subsidios estadounidenses, y la agricultura en el mundo está determinada por otros factores, como los mercados de energía y financieros.
Reconoció que
esto es una tarea difícil, pero no hay otro camino si es que queremos resguardar la autonomía y la independencia y la autosuficiencia en maíz blanco para consumo humano no genéticamente modificado”.
Manifestó que la Campaña nacional sin maíz no hay país, no sé si esto lo tiene en cuenta o no; pero también gobierno. Todos somos responsables.
Otro desafío, consideró, Víctor Suárez es la publicación de la Ley general de la alimentación adecuada y sostenible, que aunque tiene más de dos años que se aprobó la ley reglamentaria del derecho constitucional a la alimentación, no se ha publicado, “porque no le gusta a los gringos, no le gusta a los empresarios y no se quiere incomodar a no sé quién”.
Refirió que dicha la promueve la agroecología, la alimentación saludable, las compras gubernamentales, el etiquetado de alimentos que contengan organismos genéticamente modificados y que plantea un sistema de coordinación institucional para vincular los temas de agricultura, alimentación, salud y medio ambiente,
En su exposición cuestionó que las condiciones del neoliberalismo, de los tratados comerciales y de los gobiernos neoliberales, “se ve como natural que los productores acepten vender su cosecha por debajo de sus costos de producción, a pérdida. Nadie produce para perder, sólo los campesinos, sólo los productores, para beneficio de los grandes monopolios que comercializan los productos y que los procesan y que los distribuyen”.
Por estos factores, explicó, el campo está empobrecido permanentemente y cada vez menos campesinos se quedan en la tierra, tienen que venderla, alquilarla o generar desórdenes en el manejo de los usos comunes y de sus recursos.
Añadió que este tema es difícil, pero “pues no le gusta a Trump, no le gusta a los que dominan la industria agroalimentaria en el mundo y puede afectar las negociaciones del T-MEC, sí; pero pues tomemos decisiones, difíciles..”.
En su exposición el titular de la Procuraduría Agrario también manifestó que “los ejidos y comunidades agrarias sostienen esta causa al resguardar las semillas, el territorio y los conocimientos que permiten alimentar al país y conservar la capacidad de decidir qué producir, cómo hacerlo y en beneficio de quiénes”.
Esta lucha –enfatizó– busca proteger la diversidad de nuestros cultivos frente a los organismos genéticamente modificados y fortalecer a las familias campesinas ante la concentración del mercado de semillas y la dependencia alimentaria.
La integrante de la Campaña nacional sin maíz no hay país, Dulce Espinosa de la Mora, señaló que proteger el maíz implica también preservar los territorios, el agua y las formas comunitarias de producción.
Advirtió que está en juego la capacidad de decidir colectivamente qué alimentos producir y bajo qué criterios, así como el reconocimiento de las generaciones de familias campesinas e indígenas que han conservado esta riqueza biológica y cultural.
Fuente original: https://imagenagropecuaria.com/2026/mexico-importa-cada-ano-un-millon-de-t-de-maiz-blanco-transgenico-para-consumo-humano-victor-suarez/





