Seguramente has escuchado hablar de los productos ultraprocesados (PUP), que son imitaciones de alimentos, pero quizá no conoces su historia y por qué causan tanto alboroto.
Al principio no se llamaron así, fue hasta el 2009 cuando Carlos Monteiro, un científico brasileño, tuvo una idea revolucionaria: hipotetizó que el aumento en los casos de obesidad que vive la humanidad se debe a los alimentos que se consumen, y que el procesamiento de éstos es clave para entender cómo nos relacionamos con ellos y qué efectos tienen en nuestra salud.
Monteiro y su equipo propusieron la clasificación NOVA de los alimentos en cuatro categorías de acuerdo con su procesamiento.
El grupo 1 (no procesados o mínimamente procesados) incluyen alimentos naturales como huevo, frutas, verduras y pescado.
El grupo 2 (los culinarios) está formado por los productos que usamos para dar sabor y condimentar, como pimienta, sal, azúcar y mantequilla.
El grupo 3 (los procesados) aplica procesos simples como cocinar, deshidratar, salar, congelar y endulzar; en este grupo encontramos alimentos como mole, queso y tortillas.
Es importante reflexionar que durante miles de años nos alimentamos con productos de estos tres grupos, hasta que hace unos 100 años decidimos inventar un nuevo tipo de comida.
Para ello echamos mano de procesos industriales complejos para transformar los alimentos, agregándoles sustancias químicas para darles distintos sabores y colores, prolongar su tiempo de vida en el anaquel, modificar su textura y hacerlos ricos e irresistibles a nuestro paladar.
Este tipo de productos pertenecen al grupo 4, los ultraprocesados. Inicialmente su invención fue una buena idea, pues permitía que la comida estuviera disponible de manera inmediata, fuera económica de producir y que llegara a muchos lugares.
Sin embargo, durante los últimos 50 años la salud humana (y la del planeta) se ha deteriorado; a medida que el consumo de PUP se incrementó, también lo hizo la prevalencia de todo tipo de enfermedades: obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, autoinmunes, gastrointestinales, etcétera.
Los PUP han desplazado nuestros hábitos alimenticios ancestrales, ahora comemos menos leguminosas, frutas y verduras, y menos alimentos naturales, al tiempo que consumimos más PUP.
En México, el 30 % de las calorías que comemos provienen de los PUP. Pero, ¿por qué nos enferman? A todos nos encanta comer, esto es porque nos provee la energía que necesitamos para mantener nuestras funciones vitales, e incluso la guardamos para cuando escasea; esto lo hacemos principalmente en forma de grasa corporal (triglicéridos en el tejido adiposo).
Tener reservas energéticas en cantidades adecuadas le dice a nuestro cerebro que podemos mantener las funciones fisiológicas básicas y además ayudar a preservar la especie mediante la reproducción.
Por ello comer es una actividad placentera y reforzante, porque si no lo fuera moriríamos de inanición. Además, nos gusta comer alimentos que nos provean de muchas calorías, porque lo asociamos con una mayor posibilidad de supervivencia.
Esto ha sido aprovechado por la industria de los PUP para diseñar productos hipercalóricos con sabores y texturas que le den a nuestro cerebro señales de placer; es decir, de supervivencia.
Por desgracia, nuestro cerebro está siendo engañado, ya que lejos de favorecer nuestra supervivencia, la evidencia científica nos muestra que el consumo de PUP nos enferma y disminuye nuestra calidad de vida.
Los PUP dañan nuestra microbiota intestinal, alteran nuestro cerebro haciendo que comamos de más, favorecen el aumento en los niveles de glucosa y la resistencia a la insulina, entre otros efectos adversos.
Por todo esto, nuestra relación con la comida se ha vuelto tóxica. Por fortuna, nuestro país, al igual que otros, ha implementado políticas públicas y campañas para disminuir el consumo de PUP, como el etiquetado con sellos de advertencia que ha sido muy útil para que las personas reconozcan los productos dañinos.
Además, desde el año pasado se prohibió la venta de la llamada comida chatarra (PUP) en las escuelas de nuestro país, lo que tendrá un impacto muy importante en la salud de la población.
Ahora que conoces esta información, compártela con todos los que puedas para que juntos podamos decir no a los ultraprocesados y recuperar nuestra alimentación saludable.
FUENTE: GACETA UNAM – YAZMÍN MACOTELA Y XARUBET RUIZ-HERRERA
Fuente original: https://agronoticias.com.mx/2026/03/18/la-comida-ultraprocesada-historia-de-una-relacion-toxica/





